lunes, 3 de diciembre de 2007

La noche del debate /3


Por Gillermo Martín

Parte III

...Fernand sale del metro justo cuando este está pitando. Su chaqueta se queda atrapada en la puerta y tiene que estirar fuerte para sacarla y seguir avanzado hacia su gran proyecto. El anden esta lleno de gente. El ambiente es eléctrico, hay jóvenes que pintan los carteles publicitarios, polis que les vigilan para cazarles en la salida, y también algunos burgueses típicos de este barrio rico de Paris que vuelven a casa después de haber comprado zapatos de marca o electrodomésticos dessign. Fernand finge ignorar toda esta fauna. Su reloj interno sigue marcando el tic-tac-tic-tac. Esta tan concentrado que se lleva un tremendo susto cuando la señora blanca que lee un periódico amarillo le grita algo por la ventana. Mientras el metro arranca, la ve apoyar contra la ventana lo que se parece una caja de medicamentos. No comprende las palabras que dibuja la boca redonda de aquella mujer. En la TV, las bocas redondas de los dos candidatos también dibujan palabras que andan flotando en el aire sin sentido. Esas bocas parecen hechas para el amor. Que más da.

Fernand va a tardar unos minutos en conseguir salir a la superficie. Está sudando dentro del mogollón. Siempre tuvo claustrofobia. Recuerda cuando su padre le metía la cabeza debajo del agua para que aprendiera a bucear bien. Su madre también buceó bastante durante toda su vida, y hasta el final, con botellas de ginebra sobre todo. Pero por una vez el consigue mantener su cuerpo y su espíritu centrados en el objetivo. La torre Eiffel esta justo ahí, cinco metros mas arriba, y cuando sus pies suban la ultima escalera, tendrá la meta al alcance. Sin embargo, un policía le para antes de la salida. Gota de sudor frio. ¿Le ha visto cara de revolucionario? Menos mal, no es eso. Solo le pregunta si es medico, porque un hombre se encuentra mal. Fernand contesta que no. Vaya pregunta más rara... Bueno, ahora Fernand se da cuenta que esta vestido con una bata blanca. No recuerda haberla visto en su armario, de hecho no recuerda ningún armario. Tic-tac, tic-tac, tic-tac, ya queda poco tiempo. Fernand siempre quiso suicidarse lanzándose de lo alto de la torre Eiffel. Ya sale del hoyo.

En la noche parisina iluminada por mil luces y una luna sin esperanzas, la torre... no está. Ha desaparecido. El choque es tremendo para Fernand…

Continuará…

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