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miércoles, 26 de noviembre de 2008

Fotografías históricas /8


El hombre cayendo, es una fotografía tomada por Richard Drew a las 9.41 am el 11 de septiembre de 2001. Muestra una de las tantas personas que saltaron de las Torres Gemelas luego del atentado terrorista. Muestra la desesperación de la gente que se veía sin salida ante el terrible incendio que se desató.

Esta fotografía provocó mucho escándalo en Estados Unidos, donde la gente pedía que no la publicaran.

La persona de la foto era Jonathan Briley, de 43 años, ingeniero de sonido que vivía fuera de Manhattan.



lunes, 24 de noviembre de 2008

Fotografías históricas /7


5 de Septiembre de 1.936, Cerro Muriano, Córdoba. Las tropas milicianas son atacadas por sorpresa por los nacionales. Federico Borrell García, el miliciano de la foto, de Alcoy, Alicante, cae abatido por uno de los disparos. Robert Capa, autor de la fotografía, se encontraba tumbado en tierra, apuntándolo con su cámara justo en ese preciso momento. El instante quedó reflejado en el escorzo del soldado, pies aun en tierra, los brazos en cruz dejando caer el fusil de sus manos.

Pero aquella foto, que ha pasado a la Historia, como la mejor fotografía de guerra en España, esconde tras de sí muchos misterios y dudas. Su perfecta composición, y el hecho de que formara parte de una serie de fotografías de aquél mismo momento, publicadas el 23 de septiembre de aquel mismo año en un periódico nacional, en los que aparece otro miliciano, ya abatido en el suelo, exactamente en el mismo lugar, distinto al que en ésta aparece cayendo, ha hecho que se dude sobre la veracidad de la fotografía o si ésta fue una pose y por tanto, un montaje. Sea como fuere, esta fotografía, “Muerte de un Miliciano” ya forma parte de nuestra Historia.


miércoles, 19 de noviembre de 2008

Fotografías históricas /6


El protagonista de la foto es Thích Quang Duc, un monje budista vietnamita nacido en 1897 que se suicidó quemándose vivo en una zona muy concurrida de Saigon el 11 de Junio de 1963.

Aunque la foto por si sola impacta, eso es más mérito del periodista del New York Times David Halberstam y un estudiante de fotografía; ambos se encontraban en el lugar de la inmolación y tomaron una fotografía del monje. Esa fotografía daría la vuelta al mundo y ayudaría a que Halberstam ganara el premio Pulitzer de 1964 por su cobertura de la Guerra de Vietnam.


Thich Quang Duc protestaba por la opresión budista sufrida a manos del Primer Ministro Ngo Dinh Diem. El monje se mantuvo completamente inmóvil mientras era consumido por las llamas, sin emitir ningún tipo de señal que advirtiera de su dolor. Tras su muerte, la comunidad budista trató de incinerar su corazón, pero este permaneció intacto. Así, se le consideró sagrado y fue puesto bajo el cuidado del Banco Nacional de Vietnam.

La imagen también sirvio como portada para el disco de debut de Rage Against The Machine.

Fotografías anteriores:
La foto del Che - El guerrillero heróico
Omaira Sanchez - La tragedia de Armero

lunes, 17 de noviembre de 2008

Fotografías históricas /5

También conocido como el "Hombre Tanque", éste fue el apodo que se atribuyó a un hombre anónimo que se volvió internacionalmente famoso al ser grabado y fotografiado en pie frente a una línea de varios tanques durante la revuelta de la Plaza de Tian’anmen de 1989 en la República Popular China. La foto fue tomada por Jeff Widener, y se transmitió esa misma noche siendo titular en cientos de periódicos, noticieros y revistas de todo el mundo. El hombre se mantuvo sólo y en pie mientras los tanques se le aproximaban, sosteniendo dos bolsas similares una en cada mano. Mientras los tanques iban disminuyendo la marcha, él hacía gestos para que se fueran. En respuesta, el tanque situado en cabeza de la columna intentó sortearlo; pero el hombre se interpuso repetidamente en su camino, demostrando una tenacidad y resistencia enormes.

En Occidente, las imágenes del rebelde fueron presentadas como un símbolo del movimiento democrático chino. Un joven arriesgando la vida para oponerse a un escuadrón militar. Dentro de China, la imagen fue usada por el gobierno como símbolo del cuidado de los soldados del Ejército Popular de Liberación para proteger al pueblo chino: a pesar de las órdenes de avanzar, el conductor del tanque rechazó hacerlo si eso implicaba dañar a un sólo ciudadano.

Via | Helekton

Fotografías anteriores:

sábado, 15 de noviembre de 2008

Fotografías históricas /4


Esta fotografía fué tomada el 8 de junio de 1972 durante la guerra del Vietnam. Un avión norteamericano bombardeó con napalm el pueblo de Trang Bang, a 50 kilómetros de Saigón, donde se encontraba Kim Phuc de 9 años junto con su familia.

La foto fué atribuida al periodista americano Nick Pat, por la que recibió el premio Pullitzer y que además en el momento del bombardeo no se encontraba ni en el lugar. Fué el fotógrafo vietnamita Nick Ut, quien para la agencia Associated Press tomó la famosa foto con su Leica M2 y un 35mm. La foto dió la vuelta al mundo y sirvió para que la gente viera la barbarie que se estaba perpetrando en Vietnam.

Hoy en día Pham Thi Kim Phuc, la niña de la fotografía está casada y con 2 hijos y tiene la residencia en Canada. Preside la ‘Fundación Kim Phuc’, dedicada a ayudar a los niños víctimas de la guerra y es embajadora para la UNESCO. Después de estar varios días en coma y de estar a punto de morir, en su cuerpo aún perduran las cicatrices del napalm; pero lo que es peor aún, el recuerdo de la tragedia.



Fotografías anteriores:

viernes, 14 de noviembre de 2008

Fotografías históricas /3


Ejecución en Saigón es una foto tomada por Eddie Adams, fotografo muy famoso que llegó a cubrir 13 guerras; mientras cubría la guerra de Vietnam para la Associated Press tomó esta famosísima foto donde aparece el jefe de policía Nguyen Ngoc Loan ejecutando a quemarropa a Nguyen Van Lem, un guerrillero del Vietcong, en las calles de Saigón.

La foto ganó el premio Pullitzer en 1969 y recorrió el mundo mostrando la crudeza de la guerra, pero Adams después se arrepintió de tomar la foto y de la notoriedad mundial que cobró, inclusive disculpándose con Nguyen Ngoc Loan y describiéndolo como un héroe.


Via | Alt1040

Fotografías anteriores: 


jueves, 13 de noviembre de 2008

Fotografías históricas /2


Esta adolescente de Armero, de 13 años de edad, quedó atrapada entre los escombros, agonizó durante sesenta horas en el fango y murió finalmente víctima de la gangrena gaseosa. Omayra Sanchez se convirtió en el símbolo mundial de la peor tragedia ocasionada por un volcán en el siglo XX; durante el tiempo que sobrevivió habló con periodistas y socorristas y constantemente envió un mensaje de fe y esperanza.

La Tragedia de Armero ocurrió el 13 de noviembre de 1985, cuando aproximadamente a las 11:30 pm, una avalancha del río Lagunilla, ocasionada por la erupción del cráter Arenas del volcán nevado del Ruiz, borró del mapa a la población de Armero, y dejó un saldo aproximado de unos 25.000 muertos, 20.611 damnificados y heridos, muchos de ellos mutilados y gravemente afectados psicológicamente, e incalculables pérdidas económicas (4.400 viviendas, 19 puentes, $1.400 millones del comercio). Ha sido la tragedia de mayor magnitud en la historia de Colombia. La tragedia pudo haberse evitado. Desde octubre de 1984 se había advertido de una eventual erupción; en diciembre de 1984 se presentaron fumarolas, clara evidencia de lo que se gestaba. Fue una tragedia anunciada, que sirvió para que la toma del Palacio de Justicia, ocurrida la semana anterior, pasara a un segundo plano en las noticias.

Via | Wikipedia

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Fotografías históricas /1


El triunfo de la Revolución da a la fotografía un sitio especial, es entonces cuando empieza su historia como género coherente, las calles son centro de la historia, y los fotógrafos testimonian éstos acontecimientos, logrando fotos que mueven resortes en el espectador, y otras se convierten en íconos, símbolos de la época.

Alberto Díaz (Korda), Fotógrafo del periódico Revolución, se encontraba en su labor durante los funerales de las víctimas del sabotaje al barco La Couvre en marzo de 1960.

Estaba a unos 8 ó 10 metros de la tribuna donde hablaba Fidel y tenía una cámara con un lente semi-telefoto cuando se percato que el Che se acerca a la baranda, donde estaban Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, rememora Korda.

“El Che se había mantenido en un segundo plano. Se acerca a mirar el mar de pueblo. Lo tengo en el objetivo, tiro uno y luego otro negativo, y en ese momento el Che se retira. Todo ocurrió en medio minuto”. 

Cuando llega al periódico y revela, Korda piensa que es una buena foto del Che, pero el periódico no la publica entonces. Siete años más tarde esa imagen alcanzaría otra dimensión.

En el verano del 67 el editor italiano Giangiacomo Feltrinelli llega al estudio habanero de Korda. Lo ha enviado Haydée Santamaría, presidenta de la Casa de las Américas. Buscaba unas fotos del Che y Korda le obsequia dos copias de la foto tomada en 1960.

“En octubre muere el Che y Feltrinelli imprime la foto en un cartel de un metro por 70.”

La foto de Korda se convierte en mito. Impresiona por su hieratismo, con su chaqueta verde olivo cerrada, con su boina negra y la estrella dorada. “Se advierte en su mirada la cólera reconcentrada por aquellas muertes, hay una impactante fuerza en su expresión”.

Es la foto que se lleva a las manifestaciones, a las protestas, aparece publicada en cientos de artículos, en banderas, en posters. La foto de Ernesto Che Guevara tomada por Korda y que él tituló Guerrillero Heroico es hoy en día una de las más famosas del mundo.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Balmaseda volvió a arder

Quema del Puente Viejo

El 8 de noviembre de 1808, tropas francesas arrasaron la villa de Balmaseda prendiéndola fuego casa por casa. Doscientos años después, cientos de vecinos y curiosos se agolparon en sus calles para disfrutar de una recreación popular.
Era media tarde cuando vecinos y visitantes comenzaban a coger sitio en las dos riberas del Kadagua, que lo preside todo. Lugareños vestidos con ropas humildes de otro tiempo se mezclaban con vecinos expectantes abrigados para el frío nocturno de noviembre.
Mientras la luz de un día de otoño comenzaba a apagarse, decenas de antorchas y teas se convertían en la única fuente luminosa de la Villa. Y es que se nota cuando Balmaseda se transforma. Es una habilidad que han conseguido a lo largo de décadas y décadas pasando del siglo XX a la época de Cristo, o del XXI a la lúgubre Edad Media.


Ayer, Balmaseda retrocedió doscientos años justos, ni uno más ni uno menos. El 8 de noviembre de 1808, las tropas francesas dirigidas por el Mariscal Lefeuvre, decidieron, después de varios días asentados a las afueras de la villa fronteriza, arrasar con cada casa y cada palacio que estuviera en pie. Con fuerzas desiguales, los vecinos de Balmaseda intentaron hacer frente a la ofensiva, pero tanto la caballería como la infantería francesa dejaron en simples escaramuzas los intentos de los lugareños por defender la Villa.

Dos siglos después del hecho histórico, la pirotecnia ha hecho posible que cuatro símbolos de la localidad se deshicieran en llamas a medida que los invasores penetraban en Balmaseda. Pero en esta ocasión había mucho público presenciando, sin miedo, el avance galo. Los flashes de cámaras y teléfonos móviles intrusos, se fundían con el fuego ficticio de unas hogueras realizadas y diseñadas por la Pirotecnia Astondoa.


El momento álgido de la recreación tuvo lugar en la Plaza de San Severino, testigo de no pocos eventos populares de estas características. Todos los integrantes de la función, con frase o sin ella, se juntaban para escenificar la quema total de Balmaseda, el triunfo de los franceses y el posterior renacimiento de una localidad que era punto de salida y de llegada para comerciantes y ganaderos.

Quema del Ayuntamiento

Los nervios lógicos de la organización ante un evento que se realiza por primera vez, se fueron disipando a medida que los pasos se fueron cumpliendo con relativa puntualidad. Aunque no es probable que este acto tenga una naturaleza continuista, en Balmaseda nunca se puede afirmar nada parecido porque la representación histórica del Mercado Medieval nació de manera aislada y ya se ha convertido en tradición.

Tal y como ocurre en la Semana Santa y durante el Mercado Medieval, esta espectacular quema contó con la labor de muchos balmasedanos que, además de preparar el guión y la infraestructura necesaria, realizaron la representación.

En esta ocasión también colaboraron personas de otras localidades próximas. Alrededor de 350 personas tomaron parte en este espectáculo.

De entre estas personas, 59 representaron el papel de las tropas francesas, con 27 hombres a caballo y el resto a pie. Alrededor de 300 personas encarnaron al pueblo de la villa de Balmaseda. También el vestuario ha sido realizado por las propias balmasedanas y el vestuario del batallón francés ha sido creado en el Taller Textil que se está llevando a cabo actualmente en la localidad encartada.

Y es que Balmaseda casi todo lo que toca se convierte en una tradición. Se ha convertido en toda una Fuenteovejuna cultural capaz de poner de acuerdo a todo el pueblo.


Texto | Deia.es
Fotos | Eneko Garcia Ureta

lunes, 3 de noviembre de 2008

Quema de Balmaseda por los franceses


Balmaseda arderá para recordar la invasión francesa. Un 8 de Noviembre de hace ya 200 años, Balmaseda fué pasto de las llamas y los habitantes de la villa representaremos ese día historico. El 8 de Noviembre nos trasladaremos al año 1808, día en que los franceses decidierón quemar la villa por las cuatro esquinas.


El recorrido será el siguiente: La representación dara comienzo en las inmendiaciones del Puente Viejo, desde donde partirán las tropas francesas, caracterizadas con trajes de la época. Unos iran a pie con tambores, otros con antorchas y otros, alrededor de unos cuarenta lo haran en caballo. Estas tropas prenderán fuego al Puente Viejo y partirán hacia la iglesia del San Juan, donde quemarán su torre. Bajarán las tropas por la calle bajera (Pio Bermejillo), para llegar a la plaza de San Severino donde las llamas se apoderarán de la torre de la iglesia y del ayuntamiento. En cada lugar de las quemas los villanos darémos la cara a las tropas con armas caseras, horquillas, azadas, palos, trabucos, etc. 

El acto principal será en la plaza de San Severino, donde el pueblo se sublebará y tomará la plaza por diferentes rincones para enfrentarse al capitán Blake que dirije las tropas, al que mataremos y huirán las tropas de la villa. La despedida como ya es costumbre en todos los actos que celebramos en la villa será con una canción.

viernes, 27 de junio de 2008

Salvados por la campana

Durante el s. XV era frecuente enterrar vivos a personas que aparentemente estaban muertos. De ello se daban cuenta al abrir los ataudes para retirar los huesos a los osarios y comprobar que los ataudes se encontraban arañados por dentro.

En esta época surgió la idea de, al cerrar el ataúd, agarrar a la muñeca del difunto un hilo pasarlo por un agujero del ataúd y atarlo a una campanilla sobre la tierra.

Si el individuo estaba vivo solo tenia que tirar del hilo y sonaría la campanilla y seria desenterrado ya que una persona estaba al lado del ataúd durante unos días. De esta acción surge la expresión Salvados por la campana que usamos hoy día.

martes, 13 de mayo de 2008

Imágenes del frente ruso


Espectaculares imágenes de la Segunda Guerra Mundial tomadas desde el bando ruso.
Fotografías en su gran mayoría tomadas por Evgeny Ananevich Khaldey (1916-1997), importante fotógrafo de guerra. Entre ellas se ven soldados, máquinas de guerra, edificios históricos y lo mas impactante, cadáveres de ministros nazis. Documento histórico.

Ver más fotos
Via | Meneame

lunes, 12 de noviembre de 2007

Vicente Blanco "El Cojo"



El próximo sábado día 17 celebraremos una comida en homenaje a Vicente Blanco "El Cojo" de la que os informaré con más detalle en los próximos días. Sirva este post para dar a conocer un poco más la historia de este pionero del ciclismo vasco.

Fue el primer vasco en participar en el Tour de Francia, en 1910, y abandonó en la primera etapa. Pero lo hizo tras recorrer, pedaleando por su cuenta, el trayecto entre su Bilbao natal y París. A Vicente Blanco le llamaban “El cojo” porque le faltaban los dedos de un pie tras sufrir varios accidentes en la fábrica donde trabajaba. Antes fue marino. Después, campeón de España de ciclismo. Murió solo y pobre, pero su vida bien vale un homenaje como auténtico “esforzado de la ruta”.


En 1910, cuando el Tour se disponía a celebrar la que habría de ser su octava edición, un ciclista vizcaíno concibió la audaz idea de participar en la carrera francesa. Hasta entonces ningún ciclista español se había animado a competir en una prueba con aura de heroica. Los deportistas de este lado de los Pirineos hablaban y no paraban de los más de 4.000 kilómetros de su recorrido, repartidos en maratonianas etapas de 400 kilómetros; comentaban que las carreteras, polvorientas y plagadas de baches y agujeros, eran una continua amenaza para los ciclistas; decían que éstos pasaban hambre y sed y padecían múltiples enfermedades…

A la vista estaba que aquéllos eran motivos suficientes para desanimar a cualquiera, pero no a un ser especial como lo fue Vicente Blanco, un ciclista cojo y corajudo que, tras leer en los reglamentos de la carrera aquello de que “el corredor sale solo a la aventura”, partió en bicicleta de Bilbao a París, llevando en su zurrón unos mendrugos de pan y unas pocas monedas.

Blanco nació en Deusto en i884 y ya desde muy jovencito comenzó a ganarse la vida como pinche de cocina de un barco, pasando luego a trabajar de palero en las máquinas. Así forjó un físico duro y curtido, lo que sin duda le sirvió de mucho en su posterior carrera como ciclista. Con este oficio de marino recorrió el mundo, dándose el gustazo de alquilar bicicletas en los puertos en los que le dejaban desembarcar.

Cuando se aburrió de aquella vida, en 1904, buscó trabajo en una fábrica siderúrgica, La Basconia. Allí sufriría dos gravísimos accidentes. El primero le ocurrió por una apuesta ridícula con sus compañeros de trabajo. Se jugaron una botella de vino blanco a que no subía hasta el último piso de una casa en construcción antes de que otro contase hasta 25. Vicente ganó la apuesta, pero quiso ir tan rápido que cayó por el hueco de la escalera, rebotando en todos los pisos. Increíblemente no se mató. En el otro percance, un año después, una barra de metal al rojo vivo le entró de abajo a arriba por el talón izquierdo. Todos los músculos quedaron seccionados y el pie totalmente destrozado. Pero no paró ahí su infortunio, ya que un año más tarde, en los diques de Euskalduna, otro accidente similar le haría perder los cinco dedos del pie derecho. A partir de aquí todos empezaron a conocerle como El cojo, un apodo que nunca le molestó.

Lejos de arredrarle, tamañas desgracias significaron poco para él, hasta tal punto que decidió hacerse ciclista y, para ello, con el dinero de la indemnización, le compró una vieja bicicleta oxidada a una trapera de la montaña. Por aquella época, Vicente se ganaba la vida pescando angulas y trabajando de botero entre la grúa grande y el final del Campo de Volantín, a razón de cinco céntimos por cada persona transportada. En su bote montó un garaje y, cuando por fin hubo terminado de reparar su máquina, la embadurnó de pintura bermellón que le regalaron en un barco de la Vasco-Andaluza y sustituyó los inexistentes neumáticos por dos gruesas sogas de amarrar barcos.

Ya estaba, ya tenía bici, y con ella se presentó al cabo de un tiempo en la sede de la Federación Atlética Vizcaína (FAV), donde le recibieron el presidente y cuatro miembros más de la directiva. “Yo, francamente, quería ser campeón”, soltó ante sus atónitos interlocutores, que le miraban con amable compasión. Le invitaron a un whisky y, cuando el licor hubo hecho su efecto, El cojo quiso dar buena prueba de su fortaleza ejecutando un vigoroso baile inglés de esos que se realizan en cuclillas con profusión de estiramientos y flexiones. Pasó luego a contarles su vida y a mostrar sus heridas. Y lo hizo con tanta gracia que le invitaron a correr, sin pagar inscripción alguna, unas carreras ciclistas y pedestres que se iban a celebrar en la bilbaína Plaza Elíptica. Como no podía ser menos, hizo el ridículo, porque la máquina que montaba no estaba en condiciones de servir para aquellos lances. Y suerte tuvo de no ir a la cárcel, ya que al ver al aire los brazos y muslos de los demás corredores, quiso imitarles poniéndose en calzoncillos, extremo éste que no fue muy bien comprendido por los guardias municipales que custodiaban el espectáculo.

Poco después ganó el tercer premio de una carrera en Vitoria: 125 pesetas con las que volvió a Bilbao y pudo casarse. Aplacado con la vida hogareña, pasó meses de vida feliz, entregado a su mujer y su trabajo, hasta que un día corrió el rumor de que había muerto y ya estaba enterrado. Decían, y era cierto, que cierta madrugada bajaba de Valmaseda ligeramente bebido. Decían, también, que entre el pecho y la camisa guardaba una botella de txakolí, la misma cuyos cristales le rajaron como una navaja cuando un perro se abalanzó sobre su rueda. La gente le quería y por eso sintió su supuesta muerte, tanto como se alegró de su resurrección. Ocurrió ésta el día en que la FAV celebraba su excursión anual al castillo de Butrón. Cuando todos estaban sentados a la mesa, apareció El cojo lanzado cuesta abajo, tocando un popular pasodoble con su flauta antes de lanzarse, con bici y todo, a la ría.

Renacido para el ciclismo, El cojo se mostró lo suficientemente bien entrenado como para ocupar el cuarto lugar en el campeonato de Vizcaya de 1908. Por aquel magnífico puesto y otras tantas victorias que obtuvo en sendas carreras de pueblo, su amigo Luis Arana le regaló una excelente bicicleta Armor. Comenzaba su mejor época.

Con aquella máquina se fue hasta Gijón a correr el Campeonato de España de i908, una carrera que ganó, aunque bien pudo haberla perdido. La culpa la tuvo su glotonería: le dijeron que comiendo carne se pondría mucho más fuerte, y cuando la FAV le proveyó de fondos para correr la carrera, Vicente engulló tales chuletadas que durante el viaje creyó morir víctima de la diarrea que le sobrevino. Cada poco tenía que parar para aliviarse. Llegó el primero a la meta, pero se desmayó tras cruzarla.

Al año siguiente, en 1909, El cojo revalidó su título de campeón de España en una carrera dura y disputada como pocas, en la que los participantes transitaron en ocasiones hasta por los cauces de los ríos. Su vuelta a Bilbao fue apoteósica. Recibido como un héroe, Blanco vio acrecentada su popularidad hasta el extremo de contemplar engalanados los escaparates de no pocas tiendas con su efigie. Le llovieron convites, tantos que en un mismo día tuvo que acudir como invitado a cinco alubiadas. Tantos como para tener que purgarse tres veces en la primera semana de su vuelta a casa.

SUEÑOS DE GRANDEZA. Prosiguiendo con este clima de euforia, ganó destacado la Irún-Pamplona-Irún, prueba de carácter internacional en la que barrió al resto de participantes. Aquel nuevo triunfo le llevó a tener algún sueño de grandeza y se le metió en la cabeza que podría hacer lo mismo en el Tour. Tozudo como era, El cojo tocó todas las puertas hasta encontrar un mecenas en la figura de don Manuel Aranaz Castellanos, presidente de la Federación Atlética Vizcaína. Éste le facilitó una carta de presentación para Desgrange, organizador de la prueba, y Blanco, animoso, montó en su bicicleta y, pedaleando, se fue a París. A la espalda llevaba un zurrón con comida, algunas monedas y ningún repuesto...

Tras cruzarse Francia a golpe de pedal, llegó a la capital un 2 de julio, enfermo y extenuado. Se dirigió a la Maisson Alcyon, sede de un prestigioso fabricante de bicicletas que equipaba a François Faber, el último ganador del Tour. Allí conoció a un mecánico español, Joaquín Rubio, que le proporcionó una máquina y le acompañó a la sede del diario organizador, L’Auto, para que formalizase su inscripción. Le dieron el dorsal i55 de los corredores isolés, es decir, aquellos que salían solos, sin equipo ni acompañantes a ver cómo podían terminar la carrera.

Por lo que a Vicente se refiere, la acabó rápido, demasiado para su gusto. Con sus tubulares pinchados y sin repuestos, debilitado por el viaje desde Bilbao y la poca comida, no finalizó ni la primera etapa, París-Roubaix, de 272 kilómetros. “Me retiré porque la aventura más peligrosa era marchar en solitario. Las carreteras eran estrechas, y no solamente había que ir sorteando los baches, salvando las piedras que se cruzaban, sino que había que guardarse mucho del polvo que levantaba el corredor de delante, impidiendo ver las cunetas”, diría años más tarde.

De retorno a Bilbao tras aquella primera experiencia francesa, El cojo no volvió a hablar más de correr el Tour. Quedó tercero, eso sí, en la primera Vuelta a Cataluña y siguió ganando dinero y carreras hasta la hora de su retirada, en 1916. Luego, la vida no le trató bien, fracasó en los negocios y murió olvidado y en la pobreza un 24 de mayo de 1957. El día de su entierro alguien recordó lo que dijo de él el diestro Cocherito de Bilbao cuando le presentó ante sus amistades: “Aquí tienen al hombre que en su cuerpo reune, él solo, más cicatrices que todos los toreros de España juntos”.
Leído en El Mundo.es

martes, 9 de octubre de 2007

40 años...


Pido lo imposible, lo más inmerecido, lo que me atreví a hacer una vez, cuando él vivía: pido que sea su voz la que se asome aquí, que sea su mano la que escriba estas líneas. Sé que es absurdo y que es imposible, y por eso mismo creo que él escribe esto conmigo, porque nadie supo mejor hasta qué punto lo absurdo y lo imposible serán un día la realidad de los hombres, el futuro por cuya conquista dio su joven, su maravillosa vida.
- Julio Cortázar. 1967