
La segunda jornada empezó amenazando lluvia. Y los pronósticos no tardaron en hacerse realidad.
En esta ocasión eramos menos, pero no peores: Chemari (un saludo, un amigo), Ivan, Javier HoChiMin y el menda. Llegamos al recinto antes de lo planeado (gracias Natxo por el viaje), justo cuando Krakovia, grupo de punk-rock oscuro, cantaban desgarraban el aire con sus alaridos en el escenario principal (la lluvia no tardaría en hacer presencia).
Tras estos, los ingleses Pigeon Detectives sonaron a lo lejos mientras íbamos aclimatando nuestros cuerpos de nuevo a la cerveza. Los primeros tragos fueron difíciles, pero luego, como la seda.
Al poco, unos de los esperados: The Sunday Drivers. Y cumplieron. Pese a ser todavía temprano se notó que es uno de esos grupos con numerosos fieles. Tocaron con ganas y regalaron a su publico con "Do It". Mucha calidad y gran aperitivo para lo que vendría después.
Sacrificamos a The Fratellis (otra vez sera, chicos) y nos hicimos fuertes en una posición cercana al escenario (tan buena o mejor que el día anterior). Allí nos quedamos toda la noche. Para entonces la lluvia ya se había hecho notar. Sin embargo, y por arte de birlibirloque, Chemari saco de su mochila ¡¡¡no uno, sino 4 chubasqueros!!!. Esto nos salvo la vida para toda la noche, porque si por entonces llovía un poco, no era nada comparado con lo que se avecinaba.
Por fin, llego el turno de Lenny Kravitz. Este ofreció un enérgico espectáculo salpicado de toques más íntimos, como su interpretación de 'I'll be waiting' al piano. Hizo un repaso de los temas de su último disco 'It's time for a love revolution' intercalando algunas de las canciones que le llevaron al estrellato.
Así, 'Always on the run', 'American Woman' o 'Fly away' nos hicieron vibrar a todos. El momento cumbre de la actuación fue cuando el cantante se bajó del escenario durante la interpretación del tema que le dio a conocer hace casi veinte años 'Let love rule', y se paseo por el pasillo central saludando a sus fans.
'Love revolution' y 'Are you gonna go my way' fueron los temas elegidos para finalizar un concierto en el que Lenny Kravitz dejó claro por qué ha ganado cuatro premios Grammy consecutivos a la mejor interpretación vocal rock masculina y vendido más de veinte millones de discos en todo el mundo.
Y tras una agónica espera en la que mi espalda pedía a gritos que me sentara, mientras decenas de roadies intercambiaban los bártulos de Lenny por los de
REM, llegó el turno de estos últimos.
Ataviado con un traje oscuro de rayas y megáfono en mano, Michael Stipe saltó al escenario bajo los acordes del mítico tema 'Orange Crush' y dio así comienzo un concierto de hora y media con una puesta en escena sobresaliente gracias a un potente despliegue audiovisual. Más de una veintena de temas, entre los que intercalaron nuevas melodías de su último trabajo 'Accelerate' con algunas de sus canciones más populares, como 'Bad day', 'Electrolite' o 'What's the frequency, Kenneth?' y que el público coreó masivamente. Dejaron para los bises los himnos que les han llevado a ser uno de los grupos más importantes del rock.
Stipe espoleó a un público enardecido cuando regresó, con una camiseta del Athletic de Bilbao al cuello, para tocar 'Losing my religion', 'Imitation of life' y el primer sencillo de su último trabajo, 'Supernatural Superserious'.
Y para finalizar la apoteosis optaron por el clásico 'Man on the moon', tema que coreamos todos como una sola voz, dando botes y entregándolo todo sabedores de que era el último tema del concierto. Ni la lluvia, ni el barro, ni los empujones hicieron perder brillo a un concierto genial.
Hoy, la despedida del festival. Si la lluvia nos da tregua, será una tarde divertida.